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Estos días miles de compañeras y compañeros se ven obligados a trabajar desde casa.

La primera idea que viene a la mente cuando te plantean una situación laboral así solo pasa por la cuestiones técnicas: Internet, ordenador, espacio cómodo… 

Pero la principal cuestión a tener en cuenta no tiene nada que ver con ello. El tema central para que todo funcione correctamente debe ser: ¿Estás preparado mentalmente para ello?

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Cada vez que hablamos de trabajo colaborativo y trabajo cooperativo, me vienen a la cabeza mil y un escritos sobre el tema. Desde hace tiempo, y por diversas cuestiones, he tenido que documentarme sobre ello. Con independencia de no entrar ahora en la diferenciación entre colaboración y cooperación, creo que a grandes rasgos la idea de ambos conceptos casi todo el mundo la tiene como un sinónimo (no siéndolo). En cualquier caso, si nos centramos en los estudios ya clásicos de Jhonson & Jhonson, o si acabamos en cualquier manual de los más recientes que pudiésemos encontrar -el último lo adquirí hace un par de semanas en un evento de tecnología educativa, de Zaiquiey Biondi- en ninguna de esas publicaciones me encuentro con lo que a mi entender resume perfectamente la esencia del trabajo colaborativo, los donuts.

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Rescato esta imagen que estaba rodando por uno de los grupos de docentes de Facebook en los que estoy enrolado. Me ha resultado muy representativa de la realidad social que estamos viviendo y de las casuísticas, de muy diversa manera, que día a día docentes de todo el mundo ven dentro de sus aulas. Y es que ante la madre coraje que, como diría aquella famosa de la televisión “por mi hija mato“, se abre un abanico enorme de mala educación, de transmisiones que se dan desde casa, que se asumen como verdaderas por parte de los menores y que se transmiten de forma continuada en el contexto social en el cual el menor se desenvuelve. 

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Encontrar el equilibrio justo entre empresa y sistema educativo probablemente sea uno de los principales temas de debate que peor se están conduciendo en nuestro país. En un momento en el que los medios de producción se han trasladado a otros países, y no del entorno, donde las perspectivas de futuro a nivel laboral son inciertas y, hasta cierto punto preocupantes; queda claro que el sector servicios y todo lo relacionado con él es el gran punto de mira del modelo económico.

Con estas palabras comenzaba recientemente mi presentación en el II Encuentro de la Red de Gestores de Formación Corporativa de las Universidades Públicas Españolas, concretamente lo hacía mostrando el título de la ponencia y con un discurso parecido a lo siguiente:

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“Buenos días, soy José Luis Castaño y, la verdad, no sé que hago aquí porque la universidad no sirve para nada. Bueno, o por lo menos no va conmigo, es aburrida, realmente para lo que hago allí como estudiante, pues me veo un vídeo en YouTube y termino antes. Sinceramente, creo que es una pérdida de mi tiempo el que gasto cada vez que llego a clase y tengo que escuchar hablar al profesor de turno”.

Podemos imaginar las expresiones de los presentes, aunque, lógicamente, sabían de sobra que lo que buscaba era captar su atención; pero, realmente, y era mi intención real, esta idea es la que tienen miles de estudiantes universitarios hoy día. La idea de estar perdiendo el tiempo en las aulas, la idea de que lo que ganan yendo a clases lo pueden hacer de igual forma por otras vías… Esta es la realidad que tenemos en múltiples casos. Realmente cualquier lector coincidirá conmigo y con las respuestas que los asistentes al evento en cuestión me transmitieron, en que ellos también han escuchado afirmaciones parecidas. Afirmaciones que no solo se centran en la universidad, sino que se empiezan a dar en los institutos, lugar en el que una parte del alumnado acaba totalmente desconectado, las cifras están ahí en lo referente al abandono escolar temprano, que por cierto no se refiere como mucha gente piensa a que se abandonen los estudios antes de la finalización obligatoria, sino a la no consecución de una titulación post-obligatoria, pero ese es tema para otro debate paralelo. Quiero centrarme ahora en esa idea, en la que muchas y muchos adolescentes tienen respecto a la educación. Mi universidad, mi instituto, mi “insti” no sirve para nada.