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Los días de tren son largos, pero dan para mucho, sobre todo para leer. En esta ocasión he elegido una lectura más técnica, el Marco de Referencia de la Competencia Digital Docente. Suena bien, sabe mejor. Y es que este documento, base de las acciones formativas que desarrollarán todas las administraciones educativas, es un elemento fundamental para conocer eso, cómo será la formación docente de los próximos años.

Sirve este documento como actualización del Marco Común de Competencia Digital Docente que ya se publicaba en 2017 y que ahora se enriquece con nuevas aportaciones y actualizaciones que tienen en cuenta los próximos proyectos de digitalización que se acometerán gracias a los fondos del plan de recuperación Next Generation EU.

5308AF36 B306 4BB7 9996 620BD1ED968DEstoy echando un vistazo al documento de la comisión europea Blended Learning in School Education - guidelines for the start of the school year 2020/2021. Dentro de los aspectos clave a tener en cuenta a la hora de poder implantar un modelo de blended learning en los centros educativos, me llama la atención, con agrado, que refleja la importancia que tiene el hecho de que las diferentes administraciones educativas autoricen el uso del modelo Blended Learning en las escuelas.

Esta acción, que puede parecer obvia, no lo es, siendo realmente determinante para el correcto desarrollo de estos modelos dentro de los centros educativos. Y es que puede que sea uno de los principales impedimentos y obstáculos a los que se enfrenta el profesorado, al no tener, en muchas ocasiones, una paraguas legal a través de los diferentes aspectos de la organización académica que les articule formalmente el despliegue de este modelo.

 

No me cabe duda de que uno de los memes que más se distribuirán estos días será algo así como “que le den por el culo a 2020”. Seguramente todos los años hay quienes tienen motivos para esgrimir el mensaje, y quién no; seguramente este año todos pensemos que tenemos motivos para hacerlo, y por qué no.

Este año ha sido especialmente largo, sin embargo, llegados ya a 31 de diciembre, mirando hacia atrás, sin la retrospectiva necesaria, puesto que siempre es difícil tenerla cuando lo que más se quiere es avanzar; mirándolo así, se puede llegar a pensar lo habitual, todo ha pasado muy rápido. Y realmente lo ha sido, siempre lo es, al fin y al cabo, hemos tenido meses de monotonía, meses que nos han hecho analizar o al menos lo han permitido para quienes lo hayan sabido ver así. Una monotonía engañosa, dolorosa, gris, muy negra para algunos, que ha marcado el ritmo de relaciones sociales como hasta ahora las generaciones actuales no habían conocido. Una monotonía que trae consigo una aceleración en cambios de todo tipo; los primeros a nivel de salud, anheladas vacunas, recuerdo ahora a Harari y su discurso sobre la amortalidad que conseguirán las clases más pudientes y cómo, de alguna manera, la situación COVID es lo que está planteando; pero el verdadero cambio, que será mucho más radical y doloroso de lo que se viene presentando en medios, tiene que ver con la relación económico-social.

Leo en El País este artículo y me llama poderosamente la atención precisamente este comentario: <<Andrea explica, por ejemplo, que muchos de sus estudiantes incluso le han reconocido que se conectan a la sesión y se van a dormir.>>

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Una cosa está clara. La educación online no significa ponerte una videocámara y comenzar a hablar, hablar, hablar, hablar y que el estudiante que está en el otro extremo, en su casa, tenga que escuchar, escuchar, escuchar, escuchar…

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<<(...)esta versión de la ciudadanía de Marshall -evolucionista y distribucionista (Bottomore, 1992)- no es más que una brillante esquematización, hecha a la manera anglosajona, de la vieja idea de la resolución de la cuestión social que, desde finales del siglo XIX, venía gestándose en la mayoría de los científicos sociales continentales que veían en el Estado social la combinación adecuada de ciencia política y administración para desactivar el conflicto laboral abierto. La invención de lo social como concepto mismo se gestó, paralela e indisolublemente, al de la reforma social y al del ajuste orgánico, institucional y solidario de la división del trabajo. La institucionalización y desarrollo de la cuestión social se hacía exclusivamente desde la óptica de la sociedad salarial (de hecho, cualquier otro vínculo tradicional o comunitario se denigraba por su autoritarismo o su imperfección), y la consolidación de la modernidad se asimilaba a la creación de un Estado protector que regulara la función del trabajo y los derechos por él generados; dejando la propiedad patrimonial en un lugar de salvaguarda, pero ya no central ni exclusivo en el modelo de inserción social.>>

La crisis de la ciudadanía laboral. (Alonso, 2007)

Vuelven a salir a la palestra política conceptos de reforma económica, que realmente envuelven un deseo de retorno social. Pero nos encontramos ante una realidad económico-social que poco o nada tiene que ver con el modelo posbélico que se encontraba Europa en los tiempos del plan original.